El maravilloso mundo de los “Hay que”

¡Sí Señor! Todos se paran como perro en carnicería mientras nos miran a través del vidrio, “Un locutor simplemente leen  textos” y dicen: “Por pararse a leer un minutico se ganan un dineral” – !Yo también quiero eso!-

Y pues sí, a simple vista parece muy sencillo… Muchas personas llegan a mi vida y me dicen: “yo estoy listo, quiero ser locutor”. Y yo les digo, muy bien, ¿sabes qué es ser locutor? Y muchos responden: Es que tengo buena voz y creo que podría hacerlo. 

Pues les cuento, queridos amigos que esto de ser locutor es de valientes y va mucho más allá de tener buena voz.De hecho, ante mis ojos, la voz es lo de menos, los que más importan, como he manifestado antes, son los oídos. Los oídos y una paciencia del Santo Job, entre muchas otras cualidades.

Tal vez, muchas personas no dimensionan que hacer una locución es un proceso que incluye no sólo entrenamiento para “pararse a leer” sino también capacidades que van desde poder presentarse, tener una imagen definida, una personalidad impactante, saber decir con tacto las palabras correctas para cautivar a los clientes, Hasta que de alguna manera se convierten como en los “novios”.

Y esto es solo  una corta introducción de mi lista de los “hay que”, propios de los valientes que trabajamos como locutores independientes full time. Así que aquí van algunos de mis “hay que”, pero recibo comentarios y sugerencias:

  • Hay que aprender a manejar el ego. El propio y el de un montón de personas que opinan en un proceso creativo.
  • Hay que ser magos, para comprender lo que el otro piensa con simples gestos faciales y saber interpretar en el cerebro eso cómo “quiere que haga una toma más alegre” o más promocional…
  • Hay que entender que la mayoría de las veces, no hay claridad en lo que se quiere.
  • Hay que entender que muchos clientes no saben expresar lo que quieren simplemente porque es difícil pintar con palabras sonidos que están medio a definir en sus cabezas. Y a eso se le suma que los adjetivos para describir cualidades de la voz, muchas veces son bastante confusos… ej. voces azules, mentoladas, freak… entre otras.
  • Hay que aprender un argot que en muchos casos es bastante confuso. Ej: Házmela más arriba: ¿Con más volumen? , ¿Con más energía?, ¿Más aguda?, ¿Más promocional?.
  • Hay que darle gusto a todo el mundo (el cliente, el ingeniero de sonido, la agencia, el director… y eso sin mencionar cuando testean).
  • Hay que ser versátil para que no lo encasillen a uno en un tipo de voz y uno se queme.
  • Hay que evitar saturar el mercado con muchas piezas con la misma voz.
  • Hay que volverse amigo de la competencia (que al final de cuentas puede convertirse en cliente y hasta en salvador).
  • Hay que agremiarse para que al menos haya el concepto de una profesión honorable que merece algún tipo de remuneración.
  • Hay que tener total disponibilidad de tiempo para todo el mundo. Las locuciones son la mayor parte de las veces de ya para ya, sin importar si tenías planeado algo en el camino (incluso, otra locución).
  • Hay que esperar y callar pacientemente cuando la pieza pasa por procesos creativos y criterios encontrados donde muchos opinan y no se ponen de acuerdo, pero igual hay que mantener la buena actitud y la sonrisa.
  • Hay que estar siempre al pie del teléfono. Una llamada sin responder puede significar la pérdida de un trabajo.
  • Hay que saber negociar: que el cliente quede feliz pero a la vez no tumbarse uno mismo.
  • Hay que conectarse con lo que otro escribió, así esté mal escrito o así uno no entienda y transmitir emociones que cautivan. De hecho, en muchos casos, termina uno hasta de corrector de estilo.
  • Hay que estar sano y evitar a toda costa los resfriados para no sacar la voz nasal o de travesti.
  • Hay que estar actualizado en las nuevas tendencias de locución para que uno no se vuelva obsoleto.
  • Hay que hablar el lenguaje del cliente, así uno no tenga nada que ver con la sociedad colombiana de neuropatologías o con el share en ventas o con la maternidad de gallinas. Porque si uno no entiende de lo que está hablando, no transmite nada.
  • Hay que tener dentro del cerebro y en el rango vocal y auditivo, todas las edades, niveles socio culturales, clichés, acentos y ser capaz de actuar lo que se dice de forma en que sea creíble.
  • Hay que tener unos músculos de la boca muy bien entrenados y una perfecta digestión para que ni suenen las tripas, ni se trabe la lengua, ni se seque la boca.
  • Hay que saber un poco de ingeniería de sonido para mandar al menos los castings medianamente decentes, sin maullidos del gato, porque uno vive encerrado en una cabina.
  • Hay que estar preparado para grabaciones en medio de una cita odontológica, de un paseo en bote o de la celebración del cumpleaños. Y para eso:
  • Hay que tener un micrófono a la mano y toda la creatividad del mundo para inventarse cabinas en medio de la nada; así como buen internet, así sea en la finca de la abuelita.
  • Hay que tener cualquier cantidad de demos actualizados, ojalá de antier y de mil categorías específicas.
  • Hay que buscar clientes por internet, mover las redes, actualizar la página, tomarse selfies para las redes.
  • Hay que saber aceptar que no siempre se ganan los castings y que aún cuando no tenemos trabajo constante, seguimos siendo buenos.
  • Hay que valorar la profesión y saber cuánto vale el trabajo de uno, así muchas, muchas veces lo llamen a uno a cotizar cosas que ni caben en la cabeza.
  • Hay que saber soltar los malos clientes… porque bajamos el estándar de la industria y nos volvemos perratas… pero he ahí un dilema…. si no sabemos exactamente cuánto cuesta lo que tenemos que cotizar, cómo pretendemos que la gente no cotiza barato y dañe la industria? Y más cuando tenemos que ser amados por los clientes que quieren todo más barato siempre?
  • Hay que saber cobrar. Tener toda la paciencia del mundo y pedir con mucho disimulo el pago de lo que uno se ha ganado… más allá del sudor de la lengua…
  • Hay que saber manejar el negocio como una empresa: ventas, mercadeo, facturación, impuestos, seguridad social, contador, cartera, cobros, cuentas bancarias, mensajería…. Lamento desilusionarlos, esto es obligatorio, más allá de “pararse a leer un texto”.
  • Hay que manejar la ansiedad en los períodos de poco trabajo y no volverse mendigo. Además de ser capaz de escuchar desde la total neutralidad, la pieza que hizo el otro pero que uno piensa que la hubiera hecho mejor.
  • Hay que cuidar a “los novios” o clientes, fortaleciendo las relaciones constantemente para mantenerse como “Top of Mind”, o, en chibchombiano, “del que más se acuerdan”.
  • Hay que acostumbrarse a respirar dosificadamente. No sólo porque los textos le alcancen a uno sino que en las cabinas no fluye mucho aire que se diga…. Y sí, también hay olores particulares que se van quedando en los filtros de los micrófonos, así que también hay que desconectar la nariz.
  • Hay que tener un cronómetro interno para saber cuánto duró lo que uno dijo.
  • También hay que tener la capacidad de hablar como “Speedy González” para hacer caber el texto de 20” en 10”.
  • Hay que ser ordenado. A los clientes se les olvidan los trabajos que han hecho con uno y si uno no es ordenado, la platica se pierde.
  • Hay que ser un mago de la comunicación para no acosar demasiado a los clientes pero a la vez, lograr que lo llamen a uno y luego le den la orden para facturar y luego le paguen.
  • Hay que acostumbrarse a que un porcentaje de los trabajos no dan un peso. Hay días en que uno se pasa haciendo favores o simplemente no le salen los castings. También hay clientes malos que simplemente no te pagan… pero eso es parte del negocio.

Así que ahí les dejo una pequeña lista de mis “hay que”, de esas cortas que le fluyen a uno como en una hora… estoy segura de que me faltan muchos, pero por eso lo dejo así, para que ustedes me ayuden a enriquecer este texto.

Gracias amados colegas, valientes guerreros de esta hermosa profesión por hacer que cada día me reinvente y valore cada uno de los trabajos que hago. Gracias por su amistad y por tantas enseñanzas en mi vida.

Espero sus comentarios y también los de los que están del otro lado de “la pecera” (como en muchos casos se les dice a las cabinas de grabación en Colombia).