La voz es el alma del Universo

Esta mañana estaba meditando y no sé cómo sucedió pero me di cuenta de la responsabilidad que tenemos con nuestra voz al volvernos la de un producto o servicio.
Para mí, las marcas son un conjunto de conceptos que se van imprimiendo en la mente de las personas… pero se trata de productos, objetos, servicios, que cumplen una función e interactúan por un período finito y muchas veces, corto.

Sin embargo se quedan grabados en la cabeza de cada individuo y ocupan algunas de sus neuronas que se van asociando con ciertas identidades.Podemos ver imágenes, logotipos, formas y colores, pero en realidad (desde mi humilde perspectiva), lo que hace que nos identifiquemos con ellas, es su personalización.

Los modelos que aparecen en los comerciales (que para mí, son una especie de espejo que refleja cómo nos vemos al usarlas), generan una aspiración en los consumidores.Pero somos las voces quienes le ponemos una especie de alma o una identidad particular que hace que sintamos a las marcas per sé como seres humanos, con personalidades muy definidas. Esas personalidades nos acercan o nos alejan y especialmente, son las encargadas de generar credibilidad.

Y ahí, como locutores, veo que tenemos una inmensa responsabilidad. Ayudar a poner un poco de verdad en un mundo completamente etérico, lleno de ideas y conceptos que no se comprueban tan fácilmente y en muchos casos, confunden.Crear un mundo de marca es para mí, algo indispensable para generar recordación y desde mi perspectiva, es la voz la que le pone alma a ese universo.

La que genera confianza y seguridad, la que hace que sea humano y a su vez, tangible, cercano. Nuestro mayor reto está en que “la voz no miente” y por eso, cada vez se nos piden locuciones más naturales. La gente está cansada de las historias ficticias y buscan la autenticidad.

Para mí, creernos lo que decimos, es más que una habilidad. Es un arte y requiere de práctica… infinita práctica…

Muchas veces me dicen: “Pero si usted sólo se para frente a un micrófono y lee un texto que ni siquiera escribió”. Yo les digo: “locutar es un arte que nunca termina de aprenderse” y ahora que lo analizo, me parece aún más majestuoso: es uno de los mayores puentes entre conceptos y la verdad. Es la que vuelve un color y forma, un ser vivo con alma. Y en eso es que confiamos.

Los bebés se demoran más en desarrollar las habilidades visuales que las relacionadas con la escucha. Venimos entrenados para confiar en la voz de nuestra madre… hay algo mágico en la voz y la seguridad que puede llegar a transmitirnos.

Así que hoy, más que nunca, no sólo agradezco la capacidad de ponerle un pedacito de mi ser a las creaciones de otros, sino que además me declaro una enamorada de mi trabajo y prometo honrarlo, amarlo, cuidarlo y respetarlo por el resto de mis días (así, con la misma solemnidad de los recién casados).