¿Regalos? Estamos en Navidad y como dijimos en un bonito video de la ACL, el mejor regalo es unirnos!

Pero claro que nos suena raro darle la mano a la competencia! Lo qué pasa es que cómo están las cosas, no tenemos otra opción porque, o nos organizamos como gremio, o desapareceremos.

En los pasillos de las conferencias de locutores escuchamos, incluso con un tinte medio angustioso: “creemos una agregación de locutores latinoamericanos”.
Y como por qué nuestro cambio de actitud?

Porque ya nos apretaron el cinturón y nos dimos cuenta que con la mentalidad de escasez no había un piso: un “hasta aquí” complazco indefinidamente en condiciones, tarifas, contratos… en fin… en todo.

Nos pasó la de las esposas que dan hasta el alma por los maridos, perdiendo su identidad, esperando que ellos cuiden de ellas… hasta que un día se sienten abusadas y comienzan a buscar desesperadamente un rescate…

Cuando el problema de raíz es que ellas son quienes en principio no supieron poner sus límites, porque realmente no conocían su verdadera valía ni tenían claro qué era lo justo y correcto.

Y pues, más allá de “arrodillarse” ante quienes nos contratan, considero que por fin, el ejemplo de otros, nos está despertando, hacia el darnos cuenta de que no somos individuos solitarios, sino un tejido que requiere de la colaboración de cada miembro para mantenerse firme.

Que nos necesitamos para establecer parámetros, estándares y buenas prácticas. Que nosotros mismos somos generadores de riqueza y que en la medida en que damos, recibimos.

Es un gana a gana infinito. Además porque las reglas del juego son dinámicas y ahora, más que nunca, somos nosotros los empresarios que podemos nutrirnos unos a otros generando nuevas oportunidades laborales, abriendo la cabeza a que hay lugar para cada cual; y que así nos pongan a competir, nunca será comparable el producto que cada uno de nosotros ofrece.

Nuestras voces tienen un sello personal que “le pega mejor” a cada pieza, convirtiéndola en una obra de arte, adornada y perfumada con el color de nuestra alma, convertida en voz.

Es ahora, más que nunca antes, el momento de la especialización. Hay muchos más formatos y modelos de negocios que requieren voces diferentes.

Yo quiero compartir con ustedes algunos de los presentes que me ha obsequiado la unidad con mis colegas y, cómo el cambio de actitud (del codo de la supervivencia a la mano amiga) me ha generado muchísima más abundancia a pesar de la aparente crisis tarifaría de la industria.

Aquí van pues, unos cuantos regalos de entre los miles que he recibido, perteneciendo a un tejido de amigos locutores:

Gracias a un colega conseguí vivienda en donde era muy complicado residir y más, empezando, sin historial crediticio. Hoy vivimos juntos y nos ayudamos. Nos conseguimos trabajo mutuamente y nos promovemos.

Gracias a una colega entré a una agencia de talentos a la cual le había escrito antes y no me habían puesto atención. Esa agencia fue la encargada de que yo me ganara un casting para una campaña con la que, literalmente me soñaba.

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