Todo el tiempo nos recuerdan la importancia de hacer valer nuestro trabajo, ya que si nosotros no cuidamos el valor percibido por nuestro trabajo, nuestros clientes tampoco lo harán. Es bastante fácil decirlo, otra cosa es ponerlo en práctica, ya que, lo más importante en toda relación laboral, es LA RELACIÓN por sí misma. A nadie le gusta que le digan que “no”. Y claro tenemos miedo de que el otro al recibir una exigencia mayor a la que él inicialmente está dispuesto a aceptar, pueda entrar en conflicto y se genere un daño en LA RELACIÓN.
Comprendamos pues, que por encima de todo, estamos tratando de PERSONAS, por encima de quién contrate a quién. Se trata de ser como decía mi abuelita: “duro con el problema, suave con las personas”.
Como Locutores o Voice overs, sabemos la diferencia en LA FORMA como se dicen las cosas, de hecho, por eso nos pagan. Es nuestro deber ser capaces de dar mensajes con suavidad, con consideración.
Es importante ir un poco más allá de los intereses propios y ajenos, ahondar en lo que de verdad nuestro interlocutor quiere. Muchas veces no se trata de dinero. En algunas ocasiones es cuestión de reconocimiento, de aceptación, de sentir que dejan huella en el mundo, de sentir que son valorados, escuchados. Otras veces, las personas tienen miedo de no poder mantenerse en el mercado, tienen miedo de no ser lo suficientemente atractivos para sus clientes (y recordemos que nuestro cliente siempre tendrá otro cliente que debe complacer).
De lo que se trata es más bien, en que quien trabaje con nosotros sienta que puede confiar en nosotros. Que no lo vamos a “dejar tirado”, que en algunas ocasiones podemos hacer concesiones por él, pero que también nosotros tenemos que velar por nuestros propios intereses.
La tensión en las relaciones se genera, a mi forma de ver, cuando ambas partes, de manera absolutamente inflexibles, dejan de escucharse de corazón y se cierran a más posibilidades.
Y con conocimiento de causa puedo afirmar: SIEMPRE hay más caminos por explorar.
No sólo se trata de quién “gana” una batalla. Muchas veces es cuestión de buscar más variables y compensar con ellas. Ceder en un punto y guiar con dulzura al cliente para que él mismo pueda exigirle a su cliente mejores condiciones en otras cosas. Así todos quedamos contentos.
Quisiera exponer un caso interesante de un cliente que me debía dinero hace más de 3 años. Habíamos trabajado juntos durante más de 10 años y siempre cuando podía, me daba la mano y yo a él.
En un momento dado, pasó por un revés económico y se empezó a atrasar en los pagos… pasó el tiempo y obviamente, por la verguenza de no poderme pagar y la incomodidad de que yo le cobrara constantemente, dejó de contratarme.
Es increíble la cantidad de clientes que han sido generosos y hemos trabajado cómodamente hasta que por algún suceso, “la han embarrado conmigo” y han dejado de ser mis clientes. Algo así como que se han “auto-eliminado”.
Estamos pasando por momentos muy difíciles, en especial para los estudios de sonido independientes y tal vez, más que decir “pobrecitos”, debemos ser solidarios y encontrar nuevas formas de darles la mano.
Así que, un día recordé el cumpleaños de mi cliente y lo llamé para felicitarlo. Obviamente no me contestó porque tenía temor de que le cobrara. Yo estaba en mi derecho de “vetarlo” a pesar de sus enormes capacidades, pero aún así, después de algunas horas, le escribí. “Sé que estás de cumpleaños y de verdad me encantaría felicitarte”. Pocos minutos después me devolvió la llamada, con la verguenza usual de cada vez que le cobraba. Él estaba dispuesto a recibir mi descargo, con resignación. Algo así como cuando un niño comete una fechoría y sabe que lo han de humillar o regañar. Por su nobleza, se acercó y decidió afrontar nuevamente la situación.
Sin siquiera mencionárselo, él trajo a colación la deuda pendiente y me dijo que desde mi primera llamada, había estado mirando de dónde podía sacar dinero para saldar la deuda, pero que sinceramente, aún no tenía los medios.
Yo lo sorprendí con un comentario que nunca se hubiera esperado.
“Quiero que me pagues con trabajo”. “Olvida el dinero”.
Su tono de voz cambió radicalmente: ¿Cuéntame, de qué se trata?
Le dije: Sé que eres un gran profesional y en todos estos años trabajando juntos, me has enseñado muchísimo. Estoy agradecida por eso y me encantaría que me produjeras una actualización de mi demo.
Él se entusiasmó y me dijo: Claro! si esa es mi área de experticia! Qué buena idea! Es más, lo producimos con video!
A partir de ese momento, recuperé a un excelente director, amigo, productor y cliente. Ambos nos pusimos a trabajar. Sus ideas fueron increíbles y me aportaron gran conocimiento desde la perspectiva de qué pasa cuando un productor recibe un demo. Qué piensa, qué le gustaría escuchar a quienes trabajan en este medio.
Fue increíble como pasamos, de una situación tensa a la enorme fluidez con la que siempre habíamos trabajado.
He pagado muchísimo dinero en coaching, clases, producción de demos, en fin. Con esta simple estrategia me ahorré mucho más de lo que me hubiera costado todo lo que implica esta producción del demo y además varias clases de locución.
Sin siquiera proponérmelo, le devolví a mi cliente la capacidad de saludarme en la calle con la conciencia tranquila y ambos nos estamos disfrutando esta nueva etapa de nuestra relación de tantos años. El trabajo nos genera ilusión y ponemos de nuevo el corazón para aumentar el bienestar de ambas partes.

Lo mismo me pasó con un cliente de Argentina. Se demoró en pagarme varios años. Era un cliente nuevo que de la nada me había contactado. El presupuesto estaba muy bien y encantada, grabé. Las leyes de dicho país son un verdadero martirio en términos de sacar dinero del país. A eso se sumó una terrible situación por la que él pasó con la cuenta y, como de costumbre, el último de la cadena siempre sufre las consecuencias. Yo noté que eran buenas personas, que tenían deseos de saldar la deuda, pero literalmente no tenían los medios. De forma muy compasiva, me acerqué al dueño y le dije: págame lo que puedas, pero méteme en más proyectos. Él se comprometió a hacerlo.
Ya sé, esa es la típica estrategia de los clientes para conseguir tarifas más económicas y luego, “nunca” cumplen… Pero esta vez yo vislumbré verdad en su comunicación.
Él, apenado por no poderme pagar aún me dijo, está bien.
Estoy segura de que una persona que debe, no descansa tranquila.
Pocos meses después me contó que le había entrado un dinero de otro proyecto y que podía pagarme mucho menos, pero que me metía en un proyecto concreto que tenía en ese momento. Yo sabía que estaba dejando ir una cantidad importante de dinero, pero acepté.
Minutos después mi cliente volvió a llamarme con todos los detalles del nuevo proyecto.
Grabé y confié en ellos. Me hicieron cambiar la factura innumerables veces. Fue un desastre lograr que el gobierno argentino aceptara el envío del dinero, pero menos de un mes después, me pagaron lo acordado y pocos meses después, también cancelaron el trabajo que hicimos ese día. El cliente me dijo: qué bueno que ya quedé en paz contigo.
Te agradezco de corazón que me hubieras dado una mano y te prometo que te seguiré dando trabajo. Y así ha sido. Precisamente hoy tenemos otra sesión de la misma cuenta que grabó para “compensar” el primer trabajo.

Sé que estos casos no siempre tienen finales felices. Soy absolutamente consciente de que se trata de una apuesta donde unas veces se pierde y otras, se gana.
Yo he aprendido que las personas que se han mantenido en el tiempo con sus negocios, son generalmente más propensas a “ser buenas personas”.
También he aprendido que todos cometemos errores, que nadie es “totalmente” bueno o malo y que cuando se pone de por medio el corazón, es mucho el dolor y la decepción que uno se ahorra.

Honro y desde el fondo de mi corazón agradezco a todas las personas con las que he podido desempeñarme como locutora. Los llevo en mi corazón y les deseo bienestar, hoy y siempre.