La pregunta número uno que hago cuando me piden grabar.
A veces me dicen: una mamá, o una enfermera, o una turista de nacionalidad americana… la peor es cuando me dicen: ¡“La misma de la vez pasada”! Y ahí sí que quedo en suspenso…
Tal vez como dice una amiga: vivo tan en presente que se me olvida todo lo pasado 😂
Pero el caso es que a pesar de que me encante explorar las miles de personas que viven en mí, después de mucho preguntarme quién soy, he llegado a la conclusión de que soy todos y no soy nadie. Transito por el mundo alimentándome de las miradas de personas, de sus emociones y sonidos. Recolecto olores y sabores. Recolecto esencias que, al final me demuestran que soy todas ellas.
El punto clave no es realmente quién soy. Si eso lo preguntara, ¿Quién me respondería si no soy yo misma?
Aparte de mi trabajo, ¿quién podría tener la potestad suficiente como para decirme quién soy? Empezando porque quién o aquello que me creó, me regaló la libertad de elegir y re-crear.
Tal vez después de mucho darle vueltas al asunto, la pregunta adecuada no es quién soy, sino quién decido ser: aquí y ahora, a cada instante.
Así me ponga la capa de Caperucita para una audición infantil o camine de bastón para otra o sea una insoportable adolescente con voz nasal… así me duela la cabeza y caiga de vez en cuando en la víctima, soy yo quien consciente o inconscientemente decido con qué emociones me engancho y cuales dejo pasar. Soy yo quien decide si quiere recoger el papel en la calle que ni yo misma tiré. Soy yo quien decide si quiero compararme y sentirme diferente con sus diversos calificativos… Soy yo quien decide si deja su pelo crecer y su mirada llenarse de luz al mirar un atardecer. Soy yo quien elige a qué le pongo atención y a qué le dedico tiempo, energía, pensamiento y emoción.
La gran ventaja de ser un artista de la voz o voiceover actor o una locutora Bilingüe es poder ponerse todos los sombreros. Jugar con el sonido a las diferentes personalidades, a serlo todo y ensayar cuál es la camisa más cómoda. Es bonito observarse y verse crecer.
Es bonito darse cuenta de que al final, todos tenemos corazón y respiramos el mismo aire. Que todos sentimos miedo y que cada uno tiene su forma de lidiar con él. Es bonito darse permiso de bailar con la sombra “propia”, disfrazándose de otro. Es lindo burlarse de todo aquello que me genera frustración porque no es lo que mi pequeña mente quiere que sea.
Lo que más me gusta de mi profesión es que uno se entrena en el arte de crear las emociones y escenarios para que el cuerpo se monte en la nave y se transporte a convertirse en alguien que creo no ser, pero que si me sale bien, es porque también lo soy.
Me encanta elegir la piel del personaje que construyo a diario, sabiendo que al final, No Soy ninguno de los vestidos que me pongo. Soy el espejo que refleja la Divinidad que nos habita jugando a disfrazarse de una fachada que inevitablemente se mantiene en constante cambio, para evitar el aburrimiento y la identificación obsesiva.
Soy hoy quien escribe estas letras y mañana quien decide bailarlas al ritmo que me toquen. Soy ese espacio vacío con infinidad de posibilidades y en la noche, un enigma que cierra los ojos para crear nuevas aventuras.
Gracias a la vida por esta bonita profesión y la habilidad de darme cuenta de aquello con lo que me identifico tanto que me se convierte en personalidad. Gracias por esa escucha profunda y por saber abrir los sentidos internos con la única finalidad de reconocer la grandeza de su espacio vacío.